Ya murió

Ya murió

Por Gustavo Fuentes, Tampa, FL

Líder indiscutible para muchos, el dictador perfecto para otros. La verdad es que la muerte de Fidel Castro deja para siempre la división de todo pensamiento y lectura sobre su obra, el antagonismo no solo del clásico de la historia, izquierda y derecha, sino, en el caso particular, la división del pueblo cubano.

Podríamos citar aquí las innumerables deidades de quienes lo elevan a la máxima autoridad moral, o exponer con sangre sobre papel las miles de violaciones a lo más universal de la propia vida, pero lo que sí está más que claro, clarísimo, es que ahora mismo nadie va a cambiar su forma de pensar en cuanto al criterio formado sobre la figura de Fidel Castro.

El mensaje que intento posar en la mente de quienes me lean, es precisamente interponer sobre la creencia incuestionable de sus razones, un valor mayor que el de la propia caracterización al personaje que ya no está físicamente entre nosotros, que es el de la CUBANÍA, el de sentirnos todos cubanos, ser un solo pueblo, una sola nación -como decía nuestro Apóstol, el más grande de todos los cubanos-, el surgimiento real de nuestra patria, con todos y para el bien de todos.

No podemos hacer lo que nos hicieron alguna vez, no podemos cuestionar el criterio ajeno, no podemos gritar con voz enfurecida, tirar piedras o en el mejor de los casos, huevos, aunque nos ahoguemos en rabia infinita de ver al oportunista que llora en un funeral mientras vista gafas y tenis del imperialismo, o de quien vocifere eterna lealtad al pensamiento de su desaparecido líder y al llegar a su casa compre los productos de primera necesidad en la bolsa negra, burlando las leyes nacionales, o de quien era dirigente en la otra orilla, que delató a quien pensaba diferente y ahora es quien más grita en la Pequeña Habana, o el que más alto toca el tambor de la festividad; porque esa precisamente es la libertad, respetar el criterio ajeno, tener que escuchar lo que no admites oír.

Mi criterio siempre lo digo, soy consecuente con mi pensamiento. Vivo de mi propio trabajo, de la legalidad, no de la izquierda escondida de “resolver” robándole a papá estado, ni del pariente que manda remesa y que trabaja sin parar en el “capitalismo brutal”. Vivo en el “monstruo”, y si pensara diferente, si tuviera la nostalgia del feliz recuerdo, sería consecuente, estaría donde realmente me necesite el gobierno adulado, ganando el salario que me paga, pero eso sí ¡sin tomar la leche que quisiera, pues esta es para los niños menores de 7 años! No lo olviden, no lo olviden los que ya están aquí.

Siempre cubano, y de un solo pueblo. Uniendo las dos orillas, pasado, presente y futuro de Cuba.

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