Serie “El Período Especial fue del carajo” (Parte X)

Los testimonios de esta serie son la versión periodística de un texto redactado entre enero y febrero de 2006 para la tesis de grado de una universitaria francesa, quien por tema escogió “Cubanas en Período Especial”. El siguiente relato es un fragmento del excelente documento histórico.

Por Tania Quintero, taniaquintero.blogspot.com

La desaparición del bloque socialista europeo dejó a Cuba en un estado de orfandad frente al embargo impuesto por Estados Unidos. De la noche a la mañana se vio sin su principal proveedor de alimentos y petróleo. Esto trajo como consecuencia una gran escasez de comida y combustible. Una de las medidas del gobierno fue la importación de más de un millón de bicicletas para que los cubanos pudieran trasladarse.
Es excelente montar bicicleta todos los días. Pero cuando se ha podido desayunar y cuando por lo menos se puede hacer una buena comida caliente al día. Es excelente cuando se tiene una bicicleta adecuada a tu peso y tamaño; cuando se dispone de un casco protector, luces, chalecos uorescentes y otros aditamentos que te garanticen un mínimo de seguridad en la vía, sobre todo cuando pedaleas de noche en calles oscuras o semioscuras.

Según cifras extrao ciales, entre 1991- 2001, década crucial del “período especial”, habría sido considerable el número de ciclistas fallecidos, heridos o con traumatismos de diversa intensidad, como consecuencia de accidentes de tránsito que hubieran podido evitarse.

A diferencia de China, Vietnam y Holanda, entre otras naciones, la población cubana no ha sido educada para utilizar la bicicleta como medio casi obligado de transporte diario. En Suiza, por ejemplo, a los niños desde pequeñitos no sólo se les enseña a montar bicicleta, sino a conocer las leyes del tránsito. Las bicis son muy usadas por tratarse de un vehículo no contaminante del ambiente, algo que también me parece

estupendo. Pero en el caso de Cuba, el aporte ecológico es escaso: el número de autos particulares, además de obsoletos es insigni cante; y porque lo que las bicicletas no ensucian, lo ensucian y en grado superlativo, esos mismos autos viejos, así como los ómnibus y camellos, que circulan por las calles soltando monóxido de carbono a tutiplén (en 1987, hice un programa televisivo sobre el tema, Veneno sobre ruedas se titulaba).

Antes de 1959, a los niños, solían regalarles velocípedos y bicicletas por Navidad y Día de los Reyes, y éstos las utilizaban en sus ratos libres como distracción o deporte. Después que el ejército de barbudos llegó, mandó a parar, todo comenzó a desaparecer y lo que quedó a ser destruido, las bicicletas se convirtieron en un objeto anacrónico. Al no venderlas más, las existentes fueron rompiéndose y sólo unas pocas en toda la Isla lograron sobrevivir al paso de la desidia y del tiempo.

Las bicicletas socialistas llegaron en 1990, junto con el “período especial”: primero las chinas, para vender a estudiantes y trabajadores en moneda nacional, y después las capitalistas, que se podían adquirir tras la despenalización del dólar, en julio de 1993. Como ya escribí, con la reapertura en 1994 de los mercados libres campesinos, comenzó a mejorar la situación alimentaria y, con ella, los ciclistas a poder comer mejor y aumentar un poco de peso. Hasta entonces, parecían anoréxicos pedaleando.

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