Que no se olvide: comer en Cuba es una hazaña

El pasado 16 de octubre fue el Día Mundial de la Alimentación. Cuando la administración del presidente John F. Kennedy impuso el embargo comercial y financiero al gobierno cubano, este adoptó la medida de la venta controlada de alimentos, ropa y calzado a la población mediante las libretas de productos alimenticios e industriales.

La última hace rato que dejó de existir porque el gobierno, desde el llamado Período Especial en Tiempos de Paz, comenzó a vender esos artículos en las tiendas recaudadoras de divisas y en las del mercado paralelo controladas por el Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), a precios muy superiores a los que existían antes de 1990.

Al desaparecer el mal llamado campo socialista, las consecuencias del embargo —antes silenciado y hasta objeto de burlas por el discurso oficialista—, comenzaron a hacerse sentir con más fuerza en la familia cubana. Fue entonces cuando el castrismo comenzó a reclamar contra el cese del embargo en la ONU.

La canasta básica que hoy se ofrece a la población en nada se asemeja a la que conocimos entre 1962 y 1989. Antes era considerada una presunta garantía de equidad, hoy es un problema para el gobierno cubano y se ha reducido a:

  • 5 libras de arroz por persona, a 0.25 centavos la libra
  • 2 libras de arroz adicional por persona, a 0.90 centavos la libra
  • 2 libras de arroz como suplemento a las personas mayores de 60 años, a 0.90 centavos la libra.
  • 3 libras de azúcar parda, a 0.10 centavos la libra
  • 1 libra de azúcar blanca, a 0.15 centavos
  • 10 onzas de frijol negro por persona, a 0.80 centavos
  • 1/2 libra de aceite por persona, a 0.20 centavos
  • 1 paquete de sal cada tres meses cada dos personas, a 0.35 centavos el paquete.
  • 1 paquete de 4 onzas café mezclado con chícharos por persona mayor de siete años, a $4.00 CUP (pesos) el paquete.
  • 6 bolsitas de leche en polvo a cada niño hasta que cumple siete años, a $2.50 CUP cada una.
  • 3 bolsitas de yogurt con soya a la semana, a cada niño de 7 a 13 años, a un precio de $1.00 CUP, cada una.
  • 7 compotas a cada niño hasta que cumpla los tres años, a un precio de $0.25 CUP cada una.
  • 1 paquete de fideo —una oferta que no es mensual— por persona, a 0.25 centavos el paquete.

Un núcleo de tres personas, con un niño menor de siete años, tendría que gastar aproximadamente unos $36.20 CUP (alrededor de 1.50 en pesos convertibles) en la adquisición de esos alimentos controlados cuyos precios el gobierno subsidia en algunos casos. Pero la alimentación que garantiza la canasta básica, haciendo una sola comida diaria, sólo alcanza para unos doce días. El resto del mes las familias se ven obligadas a adquirir arroz, aceite y productos cárnicos a precios muy superiores en el mercado paralelo o con los particulares.

Una libra de arroz en ese mercado cuesta $4.00 CUP, un litro de aceite entre 52 y 60 CUP, la libra de carne de cerdo en Guantánamo cuesta entre 20.00 y 24.00 CUP y la de pollo $20.00 CUP. La proteína animal que el gobierno oferta a la población por la libreta se ha reducido a escasas onzas de picadillo con soya, un producto de pésima calidad; una porción de carne de pollo una vez al mes —que sólo alcanza para una comida— y cinco huevos mensuales por persona, a un precio de $0.05 centavos.

Después del huracán Irma los huevos que antes se vendían libremente a un precio de $1.10 CUP cada unidad, ahora serán vendidos al mismo precio, pero a razón de cinco unidades mensuales por persona. Suponiendo que sólo un miembro de esa familia trabaje, un cálculo conservador indica que, comprando 15 libras de arroz, 2 litros de aceite, 5 libras de pollo y 5 de carne de cerdo en ese mercado paralelo, gastará aproximadamente unos 380.00 CUP, alrededor del 60.33 % del salario promedio en Guantánamo, que es de $633.00 CUP (25.32 pesos convertibles). Si a ello sumamos el gasto cotidiano del pan ($0.05 centavos) y el de la canasta básica, serían unos 420.70 CUP, que representan el 66.49% del salario promedio, sin contemplar el gasto en vegetales.

La calidad de lo que comemos hoy los cubanos es otro aspecto criticable debido a que nuestra dieta cárnica se reduce a lo expuesto, pues la carne de res continúa desaparecida del mercado común y los productos del mar — y hasta los pescados de ríos y presas—, son difíciles de adquirir, y siempre se ofertan a precios altos. Una libra de pescado de mar cuesta $23.00 CUP, la de camarón limpio está a $90.00 CUP y ambos productos sólo se encuentran en el mercado negro. Siendo Cuba una isla poquísimos cubanos comen pescado de mar o camarones, si acaso una vez al año, ni hablar de la langosta. La carne de conejo y la de carnero también son difíciles de hallar.

Sería interesante determinar cuántas calorías diarias representan los alimentos que el gobierno oferta mediante la canasta básica y si estas alcanzan la norma mínima establecida por la Organización Mundial para la Alimentación (FAO).

Si alguien quisiera conocer la incidencia que ha tenido el déficit alimentario en Cuba desde 1990 hasta hoy, sólo tendría que comparar la talla de las personas nacidas una o dos décadas antes de 1990 con las que nacieron después de ese año. Salvo excepciones muy contadas, la estatura de los primeros es superior. En el argot popular a esos jóvenes que apenas rebasan 1.50 metros de estatura y tienen una constitución física endeble se les conoce como los hijos del período especial. Porque ser alto y fornido en la Cuba de hoy puede ser resultado de una herencia genética, pero también una prueba de pertenecer a una familia que no sufre las mismas penurias alimentarias que la mayoría de los cubanos.

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