Febrero 1960: Comienzo de la intromisión rusa en Cuba

Fuente: Fragmentos del artículo “Cómo se volvió comunista Fidel Castro”; infobae.com

La Revolución Cubana se consumó en 1959 con un programa de reformas alejado del marxismo-leninismo que proclamó años más tarde.
“Sé que están preocupados por si somos comunistas. Pero ya lo he dicho muy claramente: no somos comunistas. Que quede bien claro”, dijo Fidel Castro en su primera visita oficial a EEUU, en abril de 1959.
La revolución había triunfado tres meses antes y el nuevo gobierno buscaba el apoyo de su poderoso vecino. En todos los discursos que pronunció durante los días que duró el viaje, insistió en que su proyecto era democrático, que defendería los derechos humanos y la libertad de prensa, a la que definió como “el primer enemigo de la dictadura”.
En junio del mismo año, el director de la CIA, Allen W. Dulles, brindó al Senado de EEUU un detallado informe sobre el líder cubano. “No creemos que Castro tenga ninguna inclinación comunista. Tampoco creemos que esté siendo apoyado ni que trabaje para los comunistas”, aseguró. Sin embargo, el 22 de diciembre de 1961, declaró exactamente lo contrario en un discurso que sería muy recordado.
“¡Esa capacidad de crear, ese sacrificio, esa generosidad de unos hacia otros, esa hermandad que hoy reina en nuestro pueblo, eso es socialismo! Y esa esperanza, esa gran esperanza de mañana, ¡eso es socialismo!, y por eso ¡somos socialistas!, y por eso, ¡seremos siempre socialistas!, ¡por eso somos marxista-leninistas!, ¡y por eso seremos siempre marxista-leninistas!”, exclamó ante una multitud reunida en la Plaza de la Revolución, en La Habana.
Cuatro años después fundó el Partido Comunista de Cuba, que se convirtió en el único aceptado en la isla. Para entonces, las libertades de expresión, de prensa y de protesta ya habían desaparecido. ¿Qué cambió entre 1959 y 1961?
A pesar de las buenas intenciones que había exhibido en su viaje a EEUU, el 17 de mayo de 1959, Fidel Castro decretó una agresiva Ley de Reforma Agraria, que confiscó las propiedades de más de 420 hectáreas de extensión. Esa medida, tomada sin ningún tipo de negociación con los propietarios, provocó los primeros roces con Washington, ya que muchos de los afectados eran estadounidenses.
Al percibir el potencial foco de conflicto que se abría, los emisarios de la Unión Soviética (URSS) empezaron a operar inmediatamente. En febrero de 1960 se produjo la primera visita oficial a la isla, encabezada por Anastás Mikoyán, viceprimer ministro.
Buscando seducir al nuevo gobierno, que estaba muy necesitado de ingresos, le concedió un crédito de cien millones de dólares y firmó tratados para comprarle azúcar y venderle petróleo.
Continuando con sus políticas confiscatorias, el 29 de junio Castro avanzó sobre las refinerías de Texas Oil Company, Shell y Esso. En represalia por los derechos afectados sin compensación, el gobierno de Dwight Eisenhower decretó una importante rebaja de las compras de azúcar. La reacción del gobierno revolucionario fue confiscar prácticamente todas las empresas estadounidenses, entre ellas, refinerías de petróleo, centrales azucareras, compañías de teléfonos y de electricidad.
La guerra terminó de desatarse el 16 de diciembre, cuando Eisenhower redujo a cero la cuota azucarera y estableció un embargo total. El 3 de enero de 1961, EEUU rompió las relaciones diplomáticas con Cuba. Entonces sí, la isla quedó al servicio de la URSS, que empezó a mandar sus barcos y se comprometió a comprar la totalidad de la azúcar que había dejado de importar su gran enemigo.
A fines de 1961, Castro le pidió protección a Nikita Kruschev, presidente de la URSS, que encontró una oportunidad única para instalar una base militar a menos de 200 kilómetros de EEUU. Como señal de su compromiso absoluto, el presidente cubano se declaró marxista-leninista y adaptó su gobierno según el modelo soviético.