Estampas criollas: El cubano se cansa, pero no se rinde

Por Dazra Novak, habanapordentro.com

Es propio del cubano la insistencia, el “jugar cabeza”, la segunda oportunidad… y la tercera.

Es del cubano decir tiempo al tiempo y, aunque el mundo vaya por su lado uno seguir a pesar de todo por el camino que se tiene a mano, por el mínimo resquicio que la oportunidad siempre está dispuesta a darnos. Detrás de la sonrisa genuina que ofrecemos al extraño -ellos ni se lo imaginan-, a veces se esconde la más apremiante necesidad, la angustia por los años perdidos, por las separaciones y tantas cosas acumuladas que, si se mira hacia atrás, nadie entendería cómo llegamos donde llegamos.

Pero el cubano no se rinde, aunque nade contracorriente, aunque nade y nade frenado en el mismo lugar, aunque el final no se divise fácilmente. ¿Qué sería de nosotros sin ese vecino que, a pesar de todo, tiende la mano cuando menos lo imaginamos? ¿Qué sería del cubano sin el amigo cubano siempre dispuesto, sin su propia disposición a ayudar desde lo más humano que lleva dentro?

Eso, somos un pueblo que avanza lento y accidentado y tantas veces contrario al mundo, gente que humanamente se cansa, pero no se rinde.

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