El cubano que duele

Por Martha Beatriz Roque Cabello, cubanet.org
Todo aquel que sigue de cerca las dificultades que se viven en Cuba sabe que, cuando se alcance la democracia, los problemas más difíciles no serán los materiales, como la reconstrucción física del país, la inyección de capital, la institucionalización de los poderes, etc., todos juntos son una bicoca comparados con el hecho de tener que regular la conducta social.
Partiendo del hecho de que las habilidades sociales se forman en el hogar y en la escuela, ya se tiene una idea de lo complejo que sería; porque la familia, que es la célula fundamental de la sociedad, se ha venido abajo.
El cubano promedio de hoy ha adquirido las habilidades sociales mediante la retroalimentación interpersonal y su conducta está regulada por las consecuencias del medio en el que se ha desarrollado su actuación.
Muchas de estas habilidades sociales se han perdido. Por ejemplo: dar las gracias, disculparse, hacer un cumplido (expresar el pésame), dar la opinión de lo que se piensa al respecto de algo, pedir permiso, ayudar a los demás, defender los propios derechos, no entrar en peleas, formular una queja, resolver la vergüenza, defender a un amigo, responder al fracaso, enfrentar los mensajes contradictorios, y muchas más que estoy segura el lector sería capaz de incorporar.
No se puede olvidar el hecho de la inmoralidad en que vive el cubano; aunque algunas personas para aliviar lo fuerte de la palabra la llaman “doble moral”. Piensan de una forma y actúan de otra, porque tienen que aparentar ante el régimen su apoyo. Esto también influye en el ser social, porque hasta los niños están sujetos a esta situación.
Es por eso que el cubano –de forma general- en estos momentos no es bienvenido en muchos lugares; es el caso específico de los que emigran a Estados Unidos de América, en particular a Miami. Las generaciones anteriores que fueron a poblar esta ciudad de Florida tenían otro nivel de educación social, es por eso que hicieron del lugar un próspero emporio.
Si bien es cierto que es muy doloroso para nuestra nación la eliminación —por parte del presidente Barack Obama— de la política de “pie seco, pie mojado”, es también penoso saber que los que estaban arribando a “la yuma”, como se le dice de forma vulgar, no eran en su mayoría representantes de lo que fue la sociedad cubana, en cambio sí personas acostumbradas a vivir del invento, sin trabajar y “luchando” la vida sin ningún remilgo.
Todos aquellos que quedaron varados en cualquier país del mundo, incluso hasta en Rusia, no van a tener un final feliz cuando regresen a Cuba. La gran mayoría vendió sus propiedades, hasta las pertenencias personales y no dispondrá de un techo para vivir. Entre ellos los universitarios no podrán ejercer su carrera ni incorporarse a la “sociedad” que ha creado el régimen con sus ONG (Organizaciones No Gubernamentales) ficticias. Pero los más afectados serán los médicos que han “desertado” de sus misiones, ni siquiera podrán acceder al dinero que acumularon en la cuenta que les crea el Gobierno en los bancos de la isla.
Por otra parte, los niños son un caso digno de lástima, porque durante el tiempo que permanecieron en cualquier país libre pudieron constatar que existe la diversión fuera en el capitalismo, juguetes, variedad de escuelas y uniformes; quizás conocieron hasta comidas que nunca habían visto, etc., y al regresar tendrán que ir a sus colegios, con los maestros “emergentes”, que no dan ejemplo de nada, ni siquiera al vestirse y hablar; y tendrán que volver a repetir el adoctrinamiento al que estaban acostumbrados, usando su pañoleta de “Pionero” y alabando la figura de un extranjero asesino, cuando digan: “Pioneros por el socialismo, seremos como el Che”.
Tanto la sociedad como la cultura han estado afectadas por estos más de 58 años de “involución”. Quizás la falta de tecnología —en particular del desarrollo de las comunicaciones y de las ciencias aplicadas a los medios de producción—, el estancamiento al que se ha sometido al pueblo que ha atrasado su estado de civilización y su estilo y nivel de calidad de vida han hecho que el sujeto que puede analizar, interpretar y comprender todo lo que lo rodea por medio de las representaciones simbólicas que existen en la comunidad, no haya podido avanzar lo suficiente desde el punto de vista social.
Es una lástima que, cuando se hable de “cubano”, algunas personas tengan tan mal concepto de nosotros. Eso duele a muchos, sobre todo a los que luchamos por alcanzar la democracia.

Be the first to comment on "El cubano que duele"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*