La vejez de Elpidio Valdés

Por Yoani Sánchez, 14ymedio.com

Varias generaciones de cubanos hemos crecido mirando los dibujos animados basados en las peripecias de Elpidio Valdés. Mambí, simpático y popular, el personaje ha legado al refranero popular varias frases legendarias y algunas bromas repetidas hasta el cansancio. Dispuesto a aniquilar a los españoles a golpe de machete, nacionalista hasta el tuétano y reivindicador de una versión de la historia apegada al discurso oficial, este insurrecto intentó representar la identidad cubana en su picaresca y rebeldía.

La imagen del artista Denys Almaral da una vuelta inesperada a la iconografía creada por Juan Padrón. Envejecido, condenado a vender periódicos para sobrevivir y marcado por las penurias económicas, este Elpidio Valdés de la viñeta niega los tintes heroicos que se mostraban en los numerosos cortos y largometrajes que se dedicaron al ocurrente independentista.

En lugar del país por el que luchó, el Pillo Manigüero pasa sus últimos años en una Cuba donde quienes viven mejor son aquellos que tienen moneda convertible, los sueños de equidad son cosa del pasado y la generación que ayudó a construir el sistema es un “estorbo” para las ansias de monopolio que brotan del Gobierno.

La Isla está llena de Elpidio Valdés que piden limosnas, hacen largas filas para comprar el único pan al que tiene derecho cada día y sueñan con ese proyecto de nación que los llevó a los campos para sacudirse el yugo de una potencia extranjera. Ahora, son súbditos no de la metrópoli, sino del castrismo.

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