50 años de Industriales, 12 campeonatos y un Duque único

Por Angel Tur, Lexington KY

Allá por el año 95 o 96, no recuerdo bien, me encontraba yo por Pinar del Río visitando unas amistades. Mi tío, que era chofer del ómnibus que transportaba al equipo Industriales, me había dicho que fuera para el estadio Capitán San Luis y al finalizar el juego podría regresar a La Habana con él. Lógicamente tal propuesta de ver a mis Industriales apabullar a Vegueros y además regresar a casa en un cómodo autobús con aire acondicionado, era poco menos que sacarse la lotería, pero la razón por la que cuento esto es bien distinta. Resulta que yo estaba loco por largarme de aquella catástrofe castro-comunista y no perdía oportunidad para “gusanear” donde quiera y con quien fuera. La desesperación era tanta que ya no me importaba mucho si el que estaba al lado era policía secreto o chivatón por carácter hereditario. Al final del juego, y en lo que esperábamos a todos los integrantes del equipo, me acerqué a El Duque Hernández y sin antes haber cruzado palabra con él, le solté con cierto desparpajo y como lo más natural del mundo “¿por qué no te largas de esta basura como tu hermano (Liván), y te haces famoso y millonario con ese supertalento que tienes?” Ciertamente el tono de mi voz fue calmo y tranquilo, como si le hubiera preguntado la hora y que día de la semana era, pero naturalmente El Duque no tenía idea de quién era el fresco entremetido blanquito este y me respondió de manera poco convincente, monotónico, como si fuera un disco rayado preparado para posibles segurosos al asecho “eso no es para mí”.

El viaje de regreso con el equipo fue como un sueño, entre todos los peloteros por quién siempre había sentido tanta admiración. En el primer asiento venían sentados juntos Vargas y el Duque. Entre los dos dieron un cuero terrible a todo el que pasaba por delante, desde a mi tío el chofer, hasta a Padilla y Javier Méndez, pero en buena onda. Había química en ese equipo de grandes que resultó campeón ese año bajo la batuta del estelar Pedro Medina. Ya en ese entonces habían sufrido varias deserciones como Arocha y el “Mariano Rivera” de la pelota cubana, Euclides Rojas, pero aún quedaban buenos estelares como los ya mencionados Vargas, Padilla, Javier y el Duque además del mejor short stop de la pelota cubana en todos los tiempos Germán Mesa, el ultrasónico Lázaro Valle, un joven Carlos Tabares y otros como Jorge Fumero o Leonardo Tamayo, que tuvieron buenas actuaciones en el pitcheo ese año. La situación económica, las limitaciones materiales y espirituales y otros factores de índole personal, hicieron que muchos de estos peloteros siguieran desertando en busca de libertad y mejores oportunidades para sus carreras deportivas. Ninguno tuvo más éxito ni puso el nombre de Cuba más alto que Orlando “el Duque” Hernández. Ganó 3 series mundiales con los Yankees y una con los Medias Blancas de Chicago. Por esas cosas que tiene la vida, resulta que nos volvimos a encontrar en Noviembre del 2010 aquí en Kentucky, en una fiesta organizada en Frankfort por un entrañable hermano e Industrialista acérrimo como yo. El Duque no había cambiado nada, aun luego de una carrera exitosa en las grandes ligas, y de lógicamente haber ganado millones, aquel hombre se apareció con una camisita sencilla de mangas cortas, un reloj digital de 20 o 30 pesos, sin una prenda en su cuerpo, y toda la modestia y sencillez del mundo, al punto que me llegué a preguntar si nos encontrábamos en la Yuma, o allá por el Wajay, de donde era él. Fue una noche espectacular de anécdotas, historias, carne de puerco y dominó. Hubo un momento donde si tuve una pequeña discusión con él, cuando se le ocurrió decir que había sido un honor para él que Paulo FG y no recuerdo que otro timbero cubano visitaran su casa… Yo traté de explicarle que el honor había sido de ellos, que la figura mundial era él; pero que va, con esa modestia patológica que El Duque padece, mis argumentos no hallaron oídos receptivos. En estos días, y con motivo al 50 aniversario de este equipo, vienen a Miami varios exjugadores industrialistas que viven en la Isla y jugaran con otros que viven en esta orilla. ¡Qué bien! Que justo encuentro no solo entre peloteros que jugaron juntos, si no que este será un simbólico encuentro familiar entre aquellos que la vida ha separado, entre dos cubas que han sido cortadas por el odio innato y las ansias de poder de un solo apellido, Castro. Y es que a pesar de que el odio y la insidia pueden lacerar lazos de amistad y hasta familiares, al final el AMOR siempre vence, el amor por Industriales y por Cuba, por nuestras raíces y por lo que somos, cubanos todos.

 

Be the first to comment on "50 años de Industriales, 12 campeonatos y un Duque único"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*